Considerada por Conde Nast como el tercer destino en el mundo para visitar en 2023

No muchos saben, ni siquiera en España, que Zamora es la ciudad con más arquitectura románica de Europa. Veinticuatro iglesias, una catedral, un castillo, un puente, dos palacios, nueve casas solariegas y una muralla parecen razones suficientes para que para que por fin la Unesco la incluya en su lista de Patrimonio Europeo de la Humanidad. Y, sobre todo, para que su cercanía a Madrid con el nuevo AVE, apenas una hora de trayecto, la convierta en el destino que merece ser.

Pero aún hay más en Zamora, como su enorme legado modernista, su río Duero dominando el paisaje o sus Lagunas de Villafáfila, hogar de miles de aves en cada migración. Y también más récords repartidos por toda la provincia: el Lago de Sanabria es el mayor lago glaciar de Europa, y a pocos kilómetros le espera Puebla de Sanabria, considerado uno de los más bellos pueblos de España. Más al sur, en la Sierra de la Culebra, la población de lobos es la más elevada de Europa occidental, aunque los incendios del pasado verano devastaran gran parte de tan bello paraje. En dirección este te toparás con Toro, bellísima capital del vino donde incluso presume de bodega el grupo LVMH con la gran Numantia.

Zamora es la ciudad con más arquitectura románica de Europa.

No muy lejos, ya en plena Tierra de Campos, el restaurante Lera, donde el gran Luis Alberto Lera sublima la cocina de caza y campo, es un templo devenido últimamente –y cada vez más– en lugar favorito de cocineros mediáticos como Dabiz Muñoz. Todo un triunfo llenar mesas cada día en Castroverde de Campos, una diminuta aldea de la España más vacía.

Por último y al sur, los Arribes del Duero demuestran que Zamora tiene hasta acantilados. Imponentes fiordos y riscos serpentean y ejercen de frontera natural con Portugal en un parque natural donde la viticultura heroica ha atraído a bodegueros de trayectoria internacional como la inglesa Charlotte Allen, el danés Thyge Jensen y el madrileño José Manuel Beneitez. Olivos, cítricos y otros frutales convierten este rincón en un paraíso mediterráneo. Proyectos gastronómicos y hoteleros en la zona, como la reciente compra del poblado de Salto de Castro, hacen imaginar que hay futuro para esta Toscana zamorana. Aunque muchos no lo sepan, ni siquiera en España.

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